MOSTRANDO EDUCACIÓN PARA TOREAR CON SAPIENCIA UNA SITUACIÓN INCÓMODA
education @ 20:30
Hay ocasiones en que la educación debe ir de la mano de la paciencia y de la tolerancia. Muchas veces las situaciones ameritan que uno ponga las cosas en su lugar rápido antes que las cosas empiecen a salirse de control. Hace poco, me tocó vivir una de estas situaciones en un lugar conocido por todos y en el cual es muy alta la probabilidad de que estas cosas sucedan. Me estoy refiriendo a un gimnasio. En efecto, los hechos transcurrieron cuando un homosexual a todas luces trató de engatusarme con un argumento bastante débil pero a la vez bastante factible. Pero quisiera contarles cómo transcurrieron los acontecimientos para que ustedes elaboren sus propias conclusiones, no si antes dejar bien en claro que soy heterosexual, lo cual no representa que discrimine a personas con diferente opción sexual. Dicho esto, vamos con la anécdota que me tocó vivir.
Fue el día lunes de la presente semana que asistí al gimnasio como parte de mi rutina de cualquier día de la semana. Hace ya bastantes años que vengo practicando el deporte de las pesas y tengo, además de la experiencia propia, algunos estudios realizados en el campo del entrenamiento personalizado y la nutrición. Por otra parte este mes estoy de vacaciones y aproveché para cambiar mi horario de entrenamiento, presentándome un poco más temprano de lo habitual a mis entrenamientos. En efecto, cuando estoy laborando regularmente, prefiero el horario de las noches para entrenar y llego al gimnasio a eso de las 7 o 7:30 p.m. En este caso llegué a eso de las 3 de la tarde para tener algunas horas libres que me permitieran ir al cine o salir a ver un buen espectáculo musical. Distraído como siempre, entré casi mecánicamente al gimnasio y apenas y saludé a las chicas encargadas del área de ventas que me quedan de camino al vestuario de caballeros. Sin embargo, de refilón pude ver que el gimnasio estaba casi vacío, a diferencia de las horas de la noche en que anda bastante saturado. Me pareció muy agradable encontrar casi todas las máquinas libres, prometía ser un gran día de entrenamiento y me ubiqué en una de las bancas del vestuario para enfundarme en mi ropa de entrenamiento. Noté que no había llevado jabón para ducharme después, bueno tendría que comprar uno y decidí hacerlo de una vez por lo que decidí acercarme a la recepción de una vez. Al acercarme al mostrador de la recepción, noté que había un apersona de espaldas a quien escribe. Una vez que llegué hasta su altura, comprobé que se trataba de un joven que solicitaba informes acerca del costo de la matrícula y la mensualidad, mostrando cierta indecisión. Conservando la educación, esperé a que terminará su exposición para intervenir solicitando que me vendieran una pastilla de jabón. Mi intervención no pasó desapercibida para el joven quien a los pocos instantes decidió matricularse. Hasta allí, nada fuera de lo común.
Regresé al vestuario, con la pastilla de jabón y proseguí con mi rito previo al entrenamiento. Ahora estaba tranquilo porque sabía que podría darme u duchazo luego de entrenar. Salí entonces del vestuario y me dirigí a la sala principal del gimnasio. Como siempre, arranqué mi rutina con unos veinte minutos de ejercicios abdominales a manera de calentamiento general. Luego de esta fase me metí de lleno en el entrenamiento de la parte superior del cuerpo, no sin antes efectuar un breve calentamiento específico para las zonas a ser trabajadas. Hice dos ejercicios por cada grupo muscular del torso y uno por cada músculo del brazo. Fue un entrenamiento bien hecho y mientras terminaba el último de los ejercicios, pude ver de refilón que el joven con quien me había topado en el mostrador, se encontraba comenzando ya su primer día en el gimnasio, trotando en la faja sin fin. Aún había poca gente en el gimnasio, ya serían las 4:30 de la tarde aproximadamente y me dirigí a las duchas. Una vez en el vestuario, me deshice de la ropa de entrenamiento y me metí de frente a una de las regaderas. El vestuario estaba vacío en ese momento. Me sequé el cuerpo con toda la paciencia del mundo, disfrutando al máximo de uno de mis días de vacaciones. Cuando ya me había colocado mi ropa interior y los pantalones, vi que la puerta de entrada al camerino se abrió y alguien entró. Era otra vez el muchacho que recién se había matriculado y me abordó de frente.
Sin miramientos, me soltó a boca de jarro la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo se necesita para obtener un cuerpo como el tuyo? Y antes de que le pudiera contestar, hizo una segunda pregunta ¿Se necesita tener conocimientos sobre el tema? La segunda pregunta me dio pie a responderle que definitivamente se deben tener conocimientos para alcanzar un nivel alto de entrenamiento y resultados. Cuando terminé de responder me preguntó si yo era entrenador personal pero ya con un tono de voz que dejó notar a todas luces su galopante homosexualismo. Me puse en guardia, al tiempo que rápidamente me terminaba de cerrar la camisa. Luego le dije que si era entrenador personal y que cobraba una fuerte suma de dinero por mis servicios pero que en esos momentos tenía todos mis horarios copados. Pues el indiscreto tipo no se rindió y me pidió mi teléfono para contactarme en una futura oportunidad. Definitivamente no pensaba dárselo y salvé la situación diciendo que podía localizarme dentro del gimnasio pero que era difícil que pudiera convertirse en mi alumno, que sólo trabajaba con referidos. Eso fue todo, cogí mis cosas y salí del camerino sin siquiera haberme secado bien los pies. Camino a mi auto pensaba en volver a mi horario normal de entrenamiento y cambiar de gimnasio si era necesario porque estaba visto que la situación prometía ponerse aún más incómoda en los sucesivos días.

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